TalentLab: se inicia la 3a Edición y se re-inaugura la Exposición en el Espacio Mandarina!

La 3a edición del proyecto del CSIC, TalentLab  comienza con una nueva serie de talleres y diálogos interdisciplinares abiertos al público (del 5 Marzo al 16 Junio de 2014).

Para celebrar el inicio de esta nueva edición, este Viernes, 28 de Febrero, a las 19h en el Espacio Mandarinare-inauguraremos la Exposición de los Recursos Educativos de TalentLab

Esta exposición se exhibió por primera vez en Octubre de 2013, en la Residència d’Investigadors (CSIC-Generalitat de Catalunya) y ahora la re-abrimos al publico. En esta muestra podréis acceder a todos los recursos educativos producidos en las últimas ediciones de TalentLab y conocer un poco más sobre la nueva edición.

Os invitamos a todos a pasar por nuestro Espacio y a conocer un poco más sobre el proyecto TalentLab. Es un evento gratis y abierto a cualquiera interesado, con registro.

La edición de este año de TalentLab tendrá dos líneas de trabajo:

Línea Profesorado: Talleres para Profesores con los que trabajaremos sobre los recursos educativos co-creados en las dos ediciones anteriores. Se realizarán 3 talleres a lo largo del mes de Marzo (12, 19 y 26 de Marzo), cada uno dedicado a dos de los temas que se exploraron en TalentLab I y II.

Línea Público: Una serie de diálogos interdisciplinares entre el público y investigadores (5 de Marzo, 7 de Abril y 16 de Junio) en torno a las hibridaciones Naturaleza-Tecnología: Transgénicos, Ciborgs y Fukushima.

Todos estos eventos se llevarán a cabo en la Residència d’Investigadors (CSIC -Generalitat de Catalunya), a las 18h. Estos son eventos gratuitos con inscripción.

Toda la información está disponible en talentlab.csic.es

 

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P.U.P.E. (1)

Este es el primero de una serie de artículos dedicados al público, el usuario, el participante, el espectador… (a partir de ahora P.U.P.E.). Cómo que se trata de un tema con muchos matices y recovecos he considerado oportuno dedicarle más de un artículo. Hoy queremos básicamente hacer algunas consideraciones con las que afrontamos este tema, clave, de la participación cultural.

Empezaremos lejos recordando Walter Benjamin –siempre es interesante tener una actitud renacentista con los clásicos. Y es que no podemos olvidar nunca el hecho que ya hace 75 años que se está evidenciando el cambio de ubicación del objeto cultural y de sus destinatarios. Desde que el arte entró a la época de su reproductibilidad técnica, su aura, el hic et nunc, quedaron devaluados en Pro de su accesibilidad y proyección ciudadanas. La obra de arte por primera vez “va al encuentro de su receptor, ya sea en forma de fotografía o de disco. La catedral abandona su ubicación para ser acogida al estudio de un amante del arte; la pieza coral que ha sido interpretada en un auditorio o al aire libre puede ser escuchada en una habitación” .

También querría empezar este recorrido por el planeta del p.u.p.e. subrayando lo que aparentemente parecería una obviedad pero que, a menudo, se nos pasa por alto. Tal como explica Víctor Molina a un magnífico y sorprendente artículo que abre el libro Querido público “existe un lazo estrecho entre el cuerpo íntimo y el hombre social”. Con este misterioso comentario se nos quiere hacer notar la tendencia (tan propia de las ciencias sociales) a dar un carácter impersonal cuando se habla del p.u.p.e., como si fuera un ente autónomo y externo, cuando en realidad hay que tomar conciencia de que el p.u.p.e. somos ¡nosotros mismos!

Así pues, con estas dos premisas y cambiando las perspectivas, podremos hacer una aproximación mucho más cuidadosa y fiel del paradigma interactivo.

En un primer momento de contacto con el universo participativo, cuando se me planteaba las funciones del centro cultural como interconectador, facilitador, creador, co-diseñador o plataforma (cualidades definidas a partir de la tipología de Nina Simon y descritas por Ramon en los primeros Tallers 2.0.), pensé que el complemento de estos sujetos era “producto cultural”, pero más adelante he entendido que el complemento tiene que ser “usuario”: centros culturales como interconectadores de usuarios, facilitadores para los usuarios, creador de usuarios, co-diseñador con los usuarios, plataforma por el usuarios, etc. el que se entiende en el mundo de las tendencias anglófilas como user centred projects. Así pues, la mejor manera de vincular el p.u.p.e. a un proyecto cultural (social, ciudadano, etc.) es hacer que este sea su proyecto, yendo mucho más allá de dar voz y voto dándole las llaves de casa para que vaya a sus anchas.

Para conseguir transmitir este mensaje es muy recomendable traerlo al terreno personal. Hay que ser muy conscientes de que el nuestro p.u.p.e. suele ser el argumento tanto para justificar el éxito como el fracaso de prácticamente todo. Es por eso que consideramos la honestidad una tarea básica para garantizar el buen funcionamiento de nuestro proyecto. Con esta serie de artículos proponemos hacer un giro de 360º alrededor del p.u.p.e. Y es que la modernidad (tal vez por la mercantilización de la sociedad) no concibe ninguna actividad pública o propuesta ciudadana sin la complicidad de su p.u.p.e. particular. Aun así, también hay que ser cautos con esta complicidad y no perder el norte ni generalizando, ni renunciando a todo por tener este éxito ambicionado.

Y si, al mismo tiempo, tenemos presente que no hay nada que guste “a todo el mundo” nos acercaremos mucho más a la realidad que nos rodea o que rodea a nuestro proyecto y de la que formamos parte nosotros mismos.

Es imprescindible, pues, tener muy claro quién es nuestro destinatario, cómo es, qué quiere, cómo actúa, qué le podemos dar, etc. Todas aquellas preguntas que tan bien contestan los estudios de mercado pero llevadas a nuestro terreno. Determinar a quién nos dirigimos y cómo es nuestro p.u.p.e. para que todos los agentes se sientan parte del mismo proyecto. Definir cuáles serán los destinatarios o grupos de destinatarios en los que centraremos nuestros esfuerzos comunicativos nos ayudará a optimizar recursos para adecuar los medios, el estilo, el mensaje, etc.

Las ciencias sociales no han escatimado esfuerzos  ni estudios para clasificar los grupos humanos. Hay infinitas tipologías y variables: nivel de estudios, geográfica, de edad y ciclo vital, económica, etc. Por supuesto, también las hay específicas para los estudios sobre el consumo cultural: nivel de instrucción, frecuentación, geográfica, ciclo vital, beneficio creado, expectativas de goce: emocional, intelectual, de aprendizaje, de evasión, diversión, reafirmación del grupo social, militancia cultural. También se ha intentado definir estos grupos de consumidores según factores externos (demográficos, económicos, tecnológicos, político-legal, del entorno cultural) e internos (culturales, sociales, personales o psicológicos  ligados a la autoestima, a la aceptación social, la autorrealización, etc.).

Todas estas tipologías se han puesto al servicio del marketing emocional y del cultural con finalidades mercantilistas, pero además de cualquier consideración (o prejuicio) ética o moral, no se puede negar la utilidad de estas herramientas a la hora de esmerar nuestro mensaje (¡y contenido!). En la misma línea también encontramos estudios interesantes como el que adapta el modelo microanalítico de comportamiento de compra EKB a la experiencia en vivo y que dibuja una fórmula interesante para tener en cuenta como: “todas aquellas sensaciones que tiene el espectador mientras está experimentando el espectáculo, sumadas a todas  las que tienen que ver con el trato recibido por el personal y las facilidades del espacio de exhibición, conforman, de hecho, el producto cultural en sí”  y determinan el grado de satisfacción del público.

Aun así, y al mismo tiempo, otra clave para entender este (nuevamente: ¿“nuevo”?) paradigma nos la resumió perfectamente Ricardo Antón en una entrevista reciente que le hicimos desde ACCCc. Nos comentaba, hablando del usuario participativo, que prácticamente no hay que ir a buscarlo puesto que suele emerger solo puesto que suele ser pro-activo. También subrayaba que el trabajo del gestor cultural (dinamizador, programador, etc.) se tendía que centrar más en encontrar la manera de contagiar a aquellas personas a quienes cuesta más soltarse, que no reconocen su valor y capacidad de aportar.

En la línea de Dolors Reig, habría que apostar para que sea el ciudadano el que alimente los proyectos, pero también es imprescindible saber quién es nuestro “ciudadano”.

Seguimos…

Flora Bacquelaine, 11 de abril de 2011

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Bibliografía consultada:

Benjamin, Walter (1936). L’obra d’art a la època de la seva reproductibilitat tècnica. Tres estudis de sociologia de l’art. 1ª ed. Barcelona: Edicions 62/Diputació de Barcelona, 1983 (Col. Clàssics del pensament modern; nº9).

Sellas, Jordi i Colomer, Jaume (2009). Màrqueting de les arts escèniques. Creació i desenvolupament de públics. 1ª ed. Barcelona: Quaderns Gescènic.

Duarte, Ignasi i Bernat, Roger (eds.) (2009). Querido público. El espectador ante la participación: jugadores, usuarios, prosumers y fans. 1ª ed. Murcia: Centro Parraga, CENDEAC y Eléctrica Produccions.

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