¿Qué es la participación?

A raíz del taller de co-creación organizado por Co-Creating Cultures al CCCB

I+C+i // Taller "Disseny col·laboratiu per a institucions culturals"

Foto del prototipo del proyecto HyperMedia City

Foto CCCB (c) Miquel Taverna 2011

No volveré a explicar como se desarrolló el taller de co-creación organizado por Co-Creating Cultures al CCCB porque algunos participantes ya lo han hecho muy bien aquí y aquí. Querría hablar de como lo viví yo como participante que repite (participé en el primer taller el año pasado), y lo que saqué de él.

Como dijo Ramón Sanguesa durante el taller: la participación es una actitud. Es el punto de partida creo yo, la base de un proyecto participativo. Es lo que habré aprendido en este taller. Ha habido discrepancias al respecto durante el taller debido a que no tenemos la misma definición de lo que es la participación y lo que ello implica. Por eso puede ser que, a veces, el trabajo en común no parezca tan productivo, o que de la impresión de que no se hayan cumplido las expectativas de aprendizaje creadas.

Creo que la razón por la cual a veces tengamos la sensación de no haber aprendido suficientemente sobre participación, de no haber ido al fondo de las cosas, es debido a que vinimos con esa actitud que desarrollamos en la escuela (estar sentado en los bancos recibiendo conocimiento): de recibir, ser pasivo. Justamente, diseñar formas de participación se basa en, esencialmente, participar de forma activa, el elemento fundamental de lo cual es dar. Es con esta actitud activa de dar, con la que sacaremos provecho de un taller así, con la que se cumplirán con nuestras expectativas. De este modo, nos alejaremos de la vertiente “marketingniana” que persiguen las empresas cuando, dan valor, usando la tecnología 2.0, a los conceptos como social currency, reputación, recomendación o networking; que, en mi opinión, no ayudan (sino contrario) a desarrollar una actitud participativa.

He constatado durante este taller que mi concepto de participación quedaba por aclararse y mi actitud por mejorar. Seleccioné el proyecto Hypermedia City. Poco después de haber empezado a trabajar sobre él, me dí cuenta que no era un proyecto participativo (como entiendo yo la participación). Es un participante de mi grupo que lo comentó y fue lo que me hizo tomar conciencia de ello. ¡Ni me dí cuenta yo sola! ¿Eso por qué? En primer lugar, creo que fueron unas palabras, en la descripción del proyecto, como “networked”, “platform”, “innovation”, “social media”, “interactive technologies”, “web 2.0” las que me hicieron pensar que era un proyecto muy participativo, puesto que estas palabras se refieren o se usan a menudo cuando hablamos de participación. Sin embargo, tal y como estaba planteado el proyecto: se trataba de reunir en una misma plataforma diversos agentes creativos en investigación e innovación de diversas ciudades del mundo, en la que se mostraban sus contenidos creados en los social media en función de un algoritmo cuyo objetivo era de estimular la competición entre ciudades. Desde mi punto de vista, no veo participación porque los actores no tienen un objetivo común de construir algo juntos.

Escogí también estar en el grupo del autor del proyecto porque pensaba que así iba a entender mejor su propuesta y participar “mejor”. No ayudó a “hipermodificar” el proyecto como entraba dentro de la propuesta del taller. Al intentar entender, a través de la visión del autor, el objetivo del proyecto, la propuesta de valor y como estaba generada esta propuesta, nos quedamos demasiado cerca de su línea de pensamiento, sin dar tantas vueltas al proyecto y por consecuencia enriquecerlo.

Una de las dificultades es debatir sobre un proyecto cuando no lo has desarrollado, es que ni sabes mucho de él y ni conoces a tus compañeros. Por esto, justamente es imprescindible tener esta actitud participativa: ponerte inmediatamente en la piel del usuario final para entender sus necesidades y poder aportar modificaciones relevantes al proyecto. Si se le quería sacar provecho, el formato intensivo del taller permitía desarrollar una actitud participativa inmediata, que es la que solemos tener en circunstancias reales, cuando hay confianza y cuando estamos seguros de que sacaremos algún provecho, reconocimiento o agradecimiento según el contexto.

En un proyecto participativo, todas las voces deberían ser oídas. Cada uno entonces tiene como responsabilidad: dar su opinión sin imponerla, escuchar (aquí me refiero a una escucha activa: entender lo que el compañero quiere decir, considerar su opinión como si fuese la nuestra); hacer salir las voces de los miembros más tímidos o menos interesados invitándoles a dar su opinión; y mantener una concentración alta sin salir y entrar del debate cuando nos apetece.

El debate se dificultó a veces porque no teníamos la misma definición de lo que es participación. Por ejemplo, el autor del proyecto y yo no estábamos de acuerdo sobre la palabra cocreación: el defendía la idea que Hypermedia City es un proyecto cocreativo porque las actores de la plataforma crean una ciudad virtual por la razón de estar en la misma plataforma. Yo constaté que sus actores no creaban algo juntos y por eso no se podía hablar de cocreación. Para evitar estas discrepandicas, en A+C+C CoCreació, cuando empezamos a analizar los primeros casos de estudios sobre participación, Irene vió la necesidad de escribir un post de la interactividad a la cocreación que explicaba los diferentes niveles de participación, que nos sirvió de punto de partida para nuestra investigación. Acabamos ahora de elaborar una primera contextopedia (publicada muy próximamente) basada en los casos de estudios que hemos analizado, para asegurarnos de hablar de lo mismo cuando debatimos sobre los conceptos sobre los cuales investigamos.

Ramón e Irene, al iniciar el trabajo en grupo, nos describieron los diferentes pasos del trabajo que nos pedían y nos delimitaron un periodo de tiempo para cada uno. En mi grupo, no respetamos estos periodos (por debatir y debatir) porque no llegamos a cerrar los pasos con una toma de decisión clara y consensuada. Cerramos las etapas por cerrarlas. Quizás por eso, nos quedamos con la sensación de algo inacabado. Quizás porque solo era un taller y no la vida real, seguimos debatiendo (lo cual, con toda seguridad, fue la parte la más interesante del taller para mi) y no nos obligamos a cumplir con las instrucciones del taller. Por mi parte, sé que no respeté los plazos marcados. No creo que haya representado una actitud participativa correcta para el proyecto, ni para el grupo en general.

Concluiré diciendo que este taller me ha permitido identificar el punto de partida de la participación: la actitud.

EMMANUELLE BRESSON

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